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II ESPÍRITU Y DESARROLLO DE LA ASOCIACIÓN LASALIANA | Signum Fidei Andalucía

II ESPÍRITU Y DESARROLLO DE LA ASOCIACIÓN LASALIANA

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II 
ESPÍRITU Y DESARROLLO
DE LA ASOCIACIÓN LASALIANA


ASOCIADOS LASALIANOS

  1. ¿A quiénes se aplica el término?
    Esencialmente, el término designa a las personas y, por extensión, a los grupos, que participan en el carisma lasaliano, responsabilizándose de modo explícito y decisivo, en solidaridad unos con otros, del proyecto educativo lasaliano en su conjunto.
    Según el 43º Capítulo General: “Son reconocidos como asociados en la misión lasaliana todos los grupos intencionales y todas las personas que expresan su respuesta a una vocación interior por un compromiso educativo que tiene características lasalianas y que ha sido autentificada por la autoridad competente” (Circ. 447, p. 7).
    El mismo Capítulo General, en el año 2000, reconoce oficialmente como “grupos intencionales lasalianos” y, por tanto, asociados, a los Institutos de las Hermanas Guadalupanas de La Salle, de las Hermanas de La Salle de Vietnam, de los Catequistas de Jesús Crucificado y María Inmaculada, y a los grupos de seglares Signum Fidei y Fraternidad lasaliana (cuyo nombre era Orden Tercera Lasaliana) (cf. Circular 447, p. 6).
  2. Falta de unanimidad.
    El uso de este término es muy variable en el mundo lasaliano:
    – Algunos lo utilizan para designar a todos los que colaboran en la misión lasaliana. Esta utilización parece abusiva, pues prescinde del mínimo indispensable que es la intencionalidad de los supuestos “asociados” de querer solidarizarse en el sostenimiento del proyecto educativo lasaliano.
    – Otros restringen el término para aplicarlo sólo a los seglares que han hecho una promesa formal de asociación, después de haber sido aceptados por el Hno. Visitador y su Consejo. Se puede objetar que la intencionalidad y la actitud de asociación no siempre se expresa, ni principalmente, a través de una fórmula o gesto oficial.
    – Conviene señalar que el término corresponde, primeramente, a los Hermanos, pues históricamente ellos son los primeros “asociados” en el carisma lasaliano. Por eso no es muy correcto decir “los Hermanos y los Asociados”, como si los Asociados fueran solamente los “no-Hermanos”, o como si fueran éstos los que se asocian “con” los Hermanos, y no recíprocamente.
    – Es más difuso y variable el uso del término para reconocer los asociados “de hecho”, es decir, aquellas personas que sin haber hecho un signo oficial o jurídico, o una promesa externa, manifiestan con su actitud permanente y sus hechos inconfundibles que están participando de esta Asociación.
  3. El discernimiento.
    Inclusividad y exclusividad como posturas radicales, convendría evitarlas en el reconocimiento de los asociados. Es más conveniente asumir el discernimiento para reconocer la asociación “de hecho”, que siempre ha de ser una situación previa a la asociación “formal”, se dé ésta o no. Se manifiesta en:
    – la actitud estable de solidaridad con los demás lasalianos y de compromiso con la misión lasaliana;
    – la búsqueda de alimento y de sentido en la espiritualidad lasaliana; la conciencia de estar colaborando en la obra de Dios;
    – un claro sentimiento de pertenencia al relato común lasaliano y al Distrito; la participación asidua en los encuentros distritales o zonales;
    – la participación en alguna experiencia comunitaria con otros lasalianos;
    – un interés y apertura hacia la universalidad de la misión lasaliana.


CARISMA LASALIANO

  1. Aproximación:
    – En sentido amplio, se entiende por carisma el don o cualidad personal con resonancia positiva social.
    – En un contexto de fe: Carisma es un don que el Espíritu Santo concede a la persona para el servicio de la comunidad, o mejor, para contribuir a la misión de la comunidad.
    “Sean extraordinarios, sean simples y sencillos, los carismas son siempre gracias del Espíritu Santo que tienen, directa o indirectamente, una utilidad eclesial, ya que están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.” (Christifideles laici 24.2)
    – El carisma lasaliano es el don del Espíritu que nos ha permitido descubrir, valorar y dar respuesta apropiada a la educación cristiana de los pobres. El don es concedido a la Iglesia en la persona de Juan Bautista de La Salle y encarnado en la comunidad lasaliana.
  2. Carisma de Fundador y Carisma Fundacional:
    El “carisma de Fundador” es un carisma específico concedido a una persona para fundar: para poner en marcha una identidad colectiva con un carisma participado al servicio de una misión peculiar. Juan Bautista de La Salle tuvo ese carisma de Fundador. El y los primeros Hermanos ponen en marcha el carisma fundacional (o carisma lasaliano de los orígenes) para la misión de educar humana y cristianamente a “los hijos de los artesanos y de los pobres”.
    El carisma lasaliano genera una particular afinidad espiritual (cf. Juan Pablo II, Christifideles laici 24) entre muchas personas, al servicio de la educación cristiana. Es, pues, un carisma participado que da lugar a la identidad lasaliana, y puede ser descubierto y vivido desde otras formas de existencia cristiana, distintas de aquella en la que nació históricamente.
  3. La riqueza del carisma lasaliano:
    El carisma es una fuerza, es una actitud global ante la vida (o una manera de “mirar” la vida, que coincide con el espíritu de fe), es una sensibilidad especial ante determinadas necesidades, que en nuestro caso son las necesidades educativas de los pobres, de los niños y jóvenes; es un sentimiento de responsabilidad que se despierta en nosotros para dar solución a esas necesidades, es la creatividad que se genera para que las respuestas sean las mejores posibles, y es la capacidad de discernir entre las posibles opciones que se nos presentan y los criterios con los que hemos de actuar y dar respuesta.
    El término “carisma” no pertenece al vocabulario inicial lasaliano, si bien Juan Bautista de La Salle se refiere abundantemente al Espíritu y a sus dones. Pero el contenido del carisma lasaliano puede ser identificado fácilmente en los escritos del Fundador en torno a este núcleo: el espíritu de fe y celo, vivido en comunidad/fraternidad, al servicio educativo de los pobres. Desde este núcleo se despliegan otros elementos constituyentes del carisma lasaliano: el espíritu de fe nos conduce a descubrir nuestra historia y la experiencia diaria como historia de salvación en la que colaboramos con Dios para llevar la salvación a “los hijos de los artesanos y de los pobres”. Esta es la Obra de Dios para la cual El nos ha consagrado, nos ha hecho sus ministros. Desarrollamos este ministerio “juntos y por asociación”. Vivimos la fraternidad, no sólo hacia nuestros hermanos de comunidad, sino hacia nuestros alumnos. Nuestra educación intenta mover los corazones, tiene una dimensión personalizadora cuyo paradigma es la imagen del Buen Pastor.


COLABORADORES/AS – PARTENAIRES (francés) – PARTNERS (inglés)

  1. Los que comparten la misión.
    Estos tres términos designan, cada uno en su lengua, el conjunto de personas que participan en la misión lasaliana de muy diversas formas. El rasgo distintivo es la participación en la misión, y no simplemente una relación afectiva o de devoción religiosa. Notemos también que es un término utilizado desde la óptica del Instituto de los Hermanos. El 43º Capítulo General se refiere a ellos así: “Hay colaboradores que comparten de hecho la misión lasaliana en sus múltiples expresiones educativas, catequísticas, apostólicas, profesionales, contribuyendo así a que esta misión se realice” (Circ. 447, p. 4).
  2. Dificultades con “colaborador”.
    El término utilizado en español es el que presenta más dificultades y suscita más reticencias, pues tiende a sugerir una relación de inferioridad de los seglares con respecto a los Hermanos. En realidad no es equivalente a los utilizados en francés e inglés. A veces se remplaza el término por el de “lasalianos” o “seglares lasalianos” para evitar esa susceptibilidad. “Partenaire/partner” (que no tienen equivalente en español), expresan una relación de igualdad. “Colaborador/a” tiene como significado etimológico “el que trabaja al lado de otro/s en una misma tarea”, pero frecuentemente se emplea en el sentido de
    “alguien que ayuda a otro desde un plano secundario”. Los términos directamente equivalentes en francés e inglés (collaborateur, coworker) tienden a quedar en desuso.
  3. Un camino para recorrer.
    Al margen de estas diferencias y dificultades lingüísticas, tiende a aceptarse la distinción entre este conjunto y el de los asociados, no porque haya frontera entre ellos, sino porque los asociados son colaboradores (partenaires/partners) que, después de un largo camino de participación en la misión lasaliana, “se sienten llamados a profundizar y participar en el carisma, la espiritualidad y la comunión lasaliana” (Circ. 447, p. 4) y pueden decidir manifestarlo formalmente. No es, pues, una frontera para cruzar, sino un camino para recorrer.


COMPROMISO – ENGAGEMENT (francés) – COMMITMENT (inglés)

  1. ¿Un acto concreto o una dimensión?
    Solemos utilizar el término “compromiso”, unas veces para referirnos a algo muy localizado y limitado en el tiempo, en la cantidad o en el esfuerzo que supone, como un deber, un trato, una responsabilidad,… Otras veces lo empleamos para expresar una dimensión que afecta a toda la persona; por ejemplo, el lazo que una persona ha establecido con otra a causa del matrimonio. Esta segunda forma es la que está presente cuando se dice de una persona que está muy “comprometida” con la causa de los pobres, o con la ciencia, o con la ecología…, porque esto supone que su modo de mirar el mundo, sus diarias preocupaciones, su formación personal, sus conversaciones más frecuentes, etc., están marcadas por ese compromiso.
    Cuando hablamos de “compromiso” respecto de la asociación lasaliana nos referimos, sobre todo, a esta segunda dimensión, que marca la vida entera.
    2. El compromiso de la persona con la comunidad.
    El compromiso de asociación se refiere al conjunto de la persona que se asocia, siempre a partir de la situación concreta y estado de vida en que se encuentra la persona, no a pesar de ella.
    Puede adoptar diversas formas, pero todas ellas presentan como común denominador la voluntad de encarnar el carisma lasaliano hoy, en la comunión con otros lasalianos/as, para beneficio de la educación cristiana de la juventud, preferentemente los niños y jóvenes pobres, y ello, además, con una relativa estabilidad.
    El compromiso de Asociación tiene que ver con las personas (los otros miembros de la Asociación) antes que con las obras. Es decir, no se refiere primariamente al trabajo-tarea o al desarrollo de una acción particular, no consiste necesariamente en hacer más cosas o dedicar más tiempo. Se refiere explícitamente a la solidaridad con la comunidad lasaliana en sus diversos niveles y corresponde, al mismo tiempo, a un planteamiento vocacional de la vida en respuesta a lo que se siente como llamada de Dios. Se traduce en relación, en compartir, en comunión. Y finalmente se manifiesta en pertenencia. Es un lazo que hace solidarias a las personas, y por tanto, dependientes unas de otras.
    Comprometerse es asumir como propios los destinatarios y los objetivos de la Comunidad lasaliana:
    – los destinatarios preferentes: los niños y jóvenes “abandonados”, es decir, los pobres; y entre ellos los más pobres;
    – los objetivos fundamentales: educación evangelizadora e integral.
  2. La expresión pública (o formalización) del compromiso de asociación.
    El compromiso de asociación puede formalizarse oficialmente o públicamente a través de una fórmula adecuada.
    La práctica de los distritos en cuanto a la formalización del compromiso es bastante variada:
    – En algunos distritos esta formalización se presenta como imprescindible para que la persona interesada pueda ser considerada “asociada”.
    – En el extremo opuesto, otros distritos prescinden totalmente de dicha formalización y prefieren considerar los asociados desde un punto de vista existencial o práctico: son asociados los que viven el espíritu de la asociación. Incluso algunos distritos prefieren no hacer diferencia alguna entre colaboradores (partenaires/partners) y asociados.
    – En una postura intermedia, algunos distritos aceptan las dos posibilidades: el signo formal de la asociación para quienes lo deseen, y el vivir la asociación sin formalizarla, para quienes no quieren hacer el gesto formal. Unos y otros son invitados a participar en los diversos encuentros y actos propios de la asociación.
    Conviene añadir que hasta 1923 los Hermanos podían permanecer en el Instituto sin estar obligados a emitir votos.
  3. La fórmula de compromiso.
    No hay fórmula oficial única, aunque cada grupo lasaliano tiende a tener una fórmula común para los que se asocian a través de ese grupo; así sucede con la fórmula de asociación/consagración de los Hermanos, o la fórmula empleada por la Fraternidad Signum Fidei. Algún Distrito ha optado por una fórmula común para todos los asociados seglares, en la que cada uno puede especificar su propio compromiso. En muchos casos, la persona o grupo que se asocia compone su propia fórmula de asociación, en diálogo con los representantes del Distrito.
    Lo que sí es aconsejable es que la fórmula exprese explícitamente los tres destinatarios de la asociación lasaliana: Dios, los otros asociados, los destinatarios de la misión. O dicho de forma negativa: conviene no reducir la fórmula a una consagración devocional a Dios, ni a un acto de solidaridad con los otros asociados lasalianos, ni a un compromiso de acción social. El acto de asociación lasaliana reúne y anuda estas tres alianzas.


CONSAGRACIÓN

  1. Consagración religiosa – Consagración cristiana.
    El término “consagración” se ha aplicado frecuentemente casi en exclusiva a la consagración religiosa, como la del Hermano, aunque teológicamente está ligado al lazo que establece el bautismo entre la persona humana y Dios.
    A medida que evoluciona la teología de la vida cristiana y se rescatan conceptos que con el paso del tiempo habían quedado “en poder exclusivo” de la vida religiosa, el término consagración se va haciendo del dominio común de los cristianos.
  2. Consagración – Asociación.
    En el contexto de la asociación lasaliana, el término “consagración” describe una dimensión fundamental de la asociación pues refiere ésta explícitamente a Dios, a quien se atribuye la iniciativa de esta asociación para la educación cristiana de los pobres (“obra de Dios”), se le pone como testigo del propio compromiso y se le reconoce como garantía del mismo y de la continuidad de la asociación.
    En la historia fundacional lasaliana, consagración y asociación son equivalentes: el Hermano se consagra al asociarse, se asocia al consagrarse. Su consagración religiosa es su asociación. Y decimos consagración “religiosa” a causa de la disponibilidad radical que lleva consigo, es decir, el celibato en comunidad, que excluye otros proyectos de vida como el matrimonio. Esta disponibilidad está presente desde el principio aunque no se expresara con los votos clásicos de los consejos evangélicos.
    La consagración en la asociación lasaliana tiene tres destinatarios: Dios, los otros asociados, los niños y jóvenes pobres que han motivado la asociación. Es una alianza que une al consagrado, simultáneamente, con los tres destinatarios.
  3. Consagración – Compromiso.
    En el contexto de la asociación lasaliana, consagración es también equivalente de compromiso, teniendo siempre en cuenta los tres destinatarios de la misma alianza. Los miembros de “Signum Fidei” utilizan el término consagración (“Me consagro…”) para su fórmula, mientras otros seglares prefieren utilizar el término compromiso (“Me comprometo…”), por parecer más próximo al carácter laical. Los dos términos son legítimos, y lo que sí es importante asegurar es que se expliciten siempre los tres destinatarios de la consagración o compromiso, pues ésta es una característica esencial de la asociación lasaliana.


CULTURA LASALIANA

  1. Cultura, carisma, identidad.
    Cultura es la expresión visible de un carisma a través de una herencia histórica. Es también la manifestación externa de una identidad colectiva, el conjunto de expresiones que permiten reconocerse entre sí a aquellos que asumen esa identidad.
    – Existe una cultura lasaliana común a todos los que participan en esa identidad, que está por encima de las diferencias debidas a la variedad de países, de razas, de culturas geográficas… en las que se encarna la identidad lasaliana.
    – La cultura lasaliana tiene también aspectos que son más propios de unas regiones que de otras, puesto que la identidad lasaliana se expresa en cada lugar según los gustos de la cultura regional: gráficos, canciones, plegarias, símbolos o gestos que son muy adecuados para unos lugares y poco significativos para otros. Algo parecido se puede decir respecto de las edades: hay elementos culturales lasalianos que son apropiados para los jóvenes pero poco aptos para otras edades, y recíprocamente.

La identidad no es equivalente a las expresiones en las cuales se manifiesta. Incluso pueden llegar a asumirse, y no es nada raro, muchas expresiones culturales lasalianas, sin participar en la identidad lasaliana. Pero sí es cierto que las expresiones culturales que reflejan nuestra identidad nos permiten reconocernos a los lasalianos de todo el mundo, y también que, a través de esas expresiones, podemos llegar a los sentimientos o las experiencias que las han originado.

  1. Manifestaciones de la cultura lasaliana.
    La cultura lasaliana se refiere, en primer lugar, al itinerario histórico de La Salle y su Instituto, a unas realizaciones pedagógicas y a unas expresiones de fe… Hay expresiones gráficas, iconos, que reflejan experiencias de nuestra identidad o de nuestra espiritualidad. Hay un vocabulario común que proviene del Fundador o ha surgido a lo largo de la historia y con el cual nos identificamos…
    Resaltemos algunas de sus manifestaciones:

2.1 Los iconos de familia.
Los iconos de familia son símbolos comunes que evocan en los miembros de la familia el mismo significado. Nos reconocemos en ellos, nos reflejan nuestra historia y nuestra identidad. La contemplación de los iconos nos permite conectar con las experiencias profundas y los sentimientos que han originado esos iconos. Y esta contemplación nos remite a determinadas actitudes que caracterizan a los miembros de la familia.
Hay iconos específicos del mundo lasaliano, a partir, por ejemplo, de la figura de La Salle (como el que representa al Fundador acompañado de uno o dos niños, o de un niño y una niña, y con una de sus manos señalando a lo alto). O también, los que representan momentos claves y muy significativos del itinerario de La Salle, como el del Voto Heroico de 1691, o el Voto de 1694…
Hay otros iconos que no son originariamente lasalianos, pero llegan a ser asumidos por la cultura lasaliana porque a través de ellos sentimos expresados aspectos importantes de nuestra identidad (por ejemplo, el Icono de la Trinidad, de Rublev, que expresa maravillosamente la esencia de nuestra asociación, la comunión para la misión), o porque representan experiencias y enseñanzas que el Fundador nos transmite en sus meditaciones.

2.2 Vocabulario y expresiones literarias.
Desde nuestra espiritualidad, desde nuestra manera de entender la educación, hemos dado origen a muchas expresiones que son, frecuentemente, fórmulas densas de contenido. Bien usada, esta cultura común en vocabulario y expresiones es muy importante para alimentar el sentimiento de pertenencia a la misma familia y para comunicar a través de ella los elementos esenciales de nuestra identidad lasaliana.
– El cristocentrismo que caracteriza nuestra espiritualidad está bien expresado en nuestro saludo comunitario “Viva Jesús en nuestros corazones”. Y la conciencia de estar colaborando en la Obra de Dios, en esa otra fórmula con la que comenzamos muchos de nuestros actos comunitarios: “Recordemos que estamos en la santa Presencia de Dios”. La importancia que tiene nuestra labor educativa la señalamos con el término “ministerio”, y nosotros nos decimos “ministros y representantes de Jesucristo”, según la expresión paulina y lasaliana.
– De nuestros orígenes nos vienen expresiones que hoy nosotros utilizamos frecuentemente, todas ellas con una carga emotiva fuerte porque se refieren a aspectos importantes de nuestra identidad, ya sea en su dimensión comunitaria, educativa, espiritual…: “juntos y por asociación”, “mover los corazones de los alumnos” (“toucher les coeurs”, en francés), actuar “movidos por el espíritu” (“par le mouvement de l’Esprit”)…
– Pero la cultura sigue creándose y aparecen nuevas expresiones que reflejan nuestra sensibilidad más actual, tales como “itinerario evangélico lasaliano”, o las nuevas síntesis de identidad lasaliana: “fe, fraternidad, servicio”, o también “fe, servicio, comunidad”.


ESPÍRITU DE FE

  1. “Espíritu”.
    El término “espíritu” puede tener significados muy diferentes, pero cuando lo utilizamos en la expresión “espíritu de fe” nos referimos a un principio de vida, la fuerza y dinamismo que nos empuja en nuestra manera de actuar, la actitud esencial que nos define, la justificación última de lo que hacemos.
    El espíritu que anima a cada cristiano, a cada familia o comunidad cristiana, es una manifestación particular del Espíritu que animaba a Jesús, el Espíritu Santo. Así es también respecto del espíritu que anima a los lasalianos: cuando La Salle dice que el espíritu de este Instituto es el espíritu de fe (RC 2.2), está hablando de esa fuerza producida por el Espíritu Santo -el “Espíritu de Dios”, el “Espíritu de Jesucristo”, como así lo nombra en diferentes ocasiones- el cual “nos pone en condiciones de no vivir ni obrar en adelante sino movidos de su impulso” (MD 43,1). Es una fuerza que impregna toda la persona, y no sólo aspectos parciales: “Porque este espíritu es el que debe animar todas sus obras y ser el móvil de toda su conducta” (RC 2,1).
  2. Espíritu de fe.
    Desde el principio Juan Bautista de La Salle señala el espíritu de fe como el espíritu del Instituto fundado por él, y lo define por sus efectos, pues ese espíritu ha de mover a los Hermanos “a no mirar nada sino con los ojos de la fe, a no hacer nada sino con la mira puesta en Dios y a atribuirlo todo a Dios” (Regla 1705, cap. 2).
    El espíritu de fe nos remite al protagonismo o iniciativa de Dios en nuestra historia. Se puede definir como la “clave de lectura” que La Salle nos invita a usar para comprender y orientar nuestra vida, y ésa es también la clave que él utiliza para presentarnos el relato de nuestra historia fundacional. La Memoria de los Comienzos se refiere a Dios, “que conduce todas las cosas con sabiduría y suavidad…”. Y las Meditaciones para el Tiempo del Retiro comienzan el relato contemplando a Dios, “que quiere que todos le conozcan y se salven” (MTR 193,1), y por eso es El quien ha establecido las Escuelas Cristianas (MTR 194,1). Y en el corazón de este relato el Fundador nos presenta a Dios “Comunión”, Padre, Hijo y Espíritu, asociándonos a nosotros a su misión salvadora (MTR 201).
    Pero no se trata de una clave de lectura pasiva, como de quien observa la acción desde fuera, sino que nos implica profundamente en la misma narración, y ésta es la otra cara del espíritu de fe: el celo (RC 2,9). El celo es la manifestación de la fe y forma parte inseparable del mismo y único espíritu. El espíritu de fe nos enraíza en la Obra de Dios y nos hace sentirnos a nosotros como instrumentos de Dios en su obra. El es quien nos envía a los jóvenes, El es quien envía los jóvenes a nuestro encuentro (cf. MD 37).
    El espíritu de fe da a nuestros ojos una mirada “sacramental”, es decir, capaz de ver “a través” de la apariencia inmediata de nuestros discípulos y descubrir su trascendencia, esa dimensión que hace a cada persona infinitamente valiosa porque la refiere a Dios mismo.
    El espíritu de fe da también a nuestros ojos la capacidad de mirar como Dios, del que somos instrumentos: contemplamos la realidad del pobre, del niño y del joven, con la mirada misericordiosa de Dios y con la confianza de Dios mismo en la potencialidad de la persona, de cada alumno, para crecer y renovarse.
  3. Espíritu lasaliano.
    La Comunidad lasaliana, el Instituto en sus orígenes y hoy el conjunto de los asociados lasalianos, a medida que vive y desarrolla la misión va adquiriendo conciencia del espíritu que lo anima y de la necesidad que tiene de ese espíritu para dar una respuesta eficaz a la misión, y de la importancia de la comunidad para ser fiel a la misión, y de cómo la comunidad se convierte en estructura inútil cuando le falta el espíritu… El espíritu de fe no es un concepto teórico. Cuando nos referimos a él en el contexto lasaliano, lo situamos en el campo existencial establecido por los dos ejes de nuestra identidad: la comunión y la misión. Es entonces cuando podemos decir que el espíritu lasaliano es el espíritu de fe vivido en la comunión para la misión, o más concretamente, en la asociación para la misión educativa de los pobres.
    No se puede hablar en abstracto del “espíritu lasaliano” al margen de la comunidad y la misión, puesto que nace (es concedido por el Espíritu Santo) en función de la misión lasaliana y se alimenta y desarrolla en el marco de la comunidad.


ESPIRITUALIDAD LASALIANA

  1. Espiritualidad:
    Es la forma de vivir y expresar un determinado “espíritu”. Dicho de otra forma, es la expresión del sentido profundo de lo que vivimos. Este “sentido profundo” no siempre se asocia a lo religioso o lo divino, sino a los valores que cada persona considera importantes y sobre los que fundamenta su estilo de vida y sus opciones más decisivas. Por eso, el término “espiritualidad” puede tener un alcance simplemente “humanista o secular”, al margen de lo religioso.
  2. Espiritualidad religiosa:
    El término “espiritualidad” adquiere un significado religioso cuando ese “sentido profundo” que expresa está en relación con Dios. En este caso podemos añadir que “espiritualidad” es también la manera de relacionarnos con Dios, partiendo de nuestra experiencia vital, la experiencia de nuestra tarea educativa, nuestra relación humana, nuestra percepción de la historia y la realidad social…
  3. Espiritualidad cristiana:
    La espiritualidad cristiana expresa el sentido profundo de la vida y la relación con Dios a partir de la experiencia de Jesús, cuyo núcleo central está en su relación filial con el Padre y en el Misterio pascual de muerte y resurrección. La espiritualidad de cada cristiano trata de reproducir la experiencia de Jesús, guiado por el Espíritu Santo, en la situación particular de cada uno. La espiritualidad cristiana se desarrolla en un sistema de relaciones que tienen su fuente en Jesús: la relación con Dios Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo; la relación con el mundo, considerado como Reino de Dios; la relación con los demás seres humanos, vistos como hijos de Dios y hermanos nuestros; la relación con la Iglesia en cuanto Cuerpo de Cristo…
  4. Espiritualidad lasaliana:
    Es una forma de vivir la espiritualidad cristiana con la perspectiva o dimensión especial que aporta el carisma lasaliano. No es un “plus” añadido a la espiritualidad cristiana. Sería, pues, absurda la pregunta que a veces se plantea: “Para un lasaliano, ¿qué es primero, la espiritualidad cristiana o la espiritualidad lasaliana?” Esta alternativa parte del supuesto de que se trata de dos espiritualidades, cuando, en realidad, no hay más que la única espiritualidad cristiana vivida con una determinada perspectiva global. La espiritualidad lasaliana, como la carmelitana, la franciscana, la salesiana,… es una forma carismática de vivir la espiritualidad cristiana. Cada uno de esos carismas es una forma de vivir la comunión eclesial para la misión, y hace sus propios subrayados en la espiritualidad cristiana en función de la misión a la que sirve.
    La espiritualidad lasaliana nos ayuda a descubrir y vivir la tarea educativa como lugar privilegiado de la relación del educador con Dios. La espiritualidad lasaliana se desarrolla como una “espiritualidad de la mediación”, pues nos descubre a nosotros mismos como instrumentos en la Obra de Dios, como mediadores de su obra salvadora con los jóvenes, ministros y representantes de Jesucristo, palabra viva de Dios para aquellos a los que somos enviados…
    El núcleo central de la espiritualidad lasaliana está ocupado por el espíritu de fe (o si se prefiere la expresión “espíritu de fe y celo”). Puede decirse que a partir de este núcleo, o generada por él, va constituyéndose la espiritualidad lasaliana. Movidos por el espíritu de fe podemos descubrir a Dios y ver cómo se nos revela en el campo de la misión recibida. Gracias al espíritu de fe leemos nuestra historia diaria como historia de salvación y encontramos en Dios el sentido último de lo que hacemos.
    La experiencia nuclear cristiana es la experiencia del amor de Dios. Al vivirla desde el espíritu de fe y celo en la misión que se nos ha confiado se va desarrollando la espiritualidad lasaliana y ésta se va llenando de nombres, de historia, de vida, de lugares y símbolos… Y nos encontramos más a gusto en determinadas formas de orar, o nos vemos más reflejados en tales pasajes bíblicos.
  5. Espiritualidad de Juan Bautista de La Salle:
    La espiritualidad que hoy llamamos “lasaliana” no se identifica con la espiritualidad personal de Juan Bautista de La Salle. La experiencia del Fundador está marcada por su propio temperamento, formación y psicología personal, por la cultura que le tocó vivir en la Francia de los siglos XVII y XVIII, por la Escuela Sulpiciana de espiritualidad en la que se formó, etc. Todos esos rasgos no son transferibles a otro tiempo y lugar ni a otra persona distinta. Sin embargo, la espiritualidad lasaliana se enraíza en la experiencia espiritual de Juan Bautista de La Salle, y es necesario conectar con ésta si se quiere participar en aquélla.
    A lo largo de su itinerario, Juan Bautista de La Salle descubre la imagen de un Dios vivo comprometido en la historia y empeñado en salvar a los hombres, y más concretamente, a “los hijos de los artesanos y de los pobres”. Con este Dios que “guía sus pasos sin forzarlo”, La Salle mantiene un diálogo apasionado durante toda su existencia. En ese diálogo resalta una actitud, la de entrega y abandono en las manos de Dios, que tiene su reflejo inmediato en una segunda actitud: el sentirse instrumento en las manos de Dios para realizar su obra salvadora.
    Abandono confiado en Dios y entrega a su obra: ésa es su experiencia de fe más significativa, en dos facetas, que nos transmite en la conocida expresión síntesis: espíritu de fe y celo.
  6. ¿Una espiritualidad lasaliana no-cristiana?
    La participación reciente, y también creciente, de educadores no cristianos en la identidad lasaliana y, consiguientemente, en la espiritualidad lasaliana, suscita la cuestión: ¿se puede hablar de una espiritualidad lasaliana que no sea cristiana? La pregunta se puede hacer de una forma más existencial: la espiritualidad lasaliana, ¿puede servir a una persona no cristiana para expresar el sentido profundo de su vida y su relación con Dios?

Podemos responder a esta pregunta utilizando dos perspectivas diferentes:

La primera perspectiva parte de la estructura interna de la espiritualidad lasaliana que, como hemos dicho, es una forma de vivir la espiritualidad cristiana. Hay en ella un primer estrato que es esencialmente humano o “humanista”. Se refiere, por ejemplo, a la valoración absoluta que hace de la persona del alumno, más allá de las cualidades o defectos que éste tenga, y cuyas necesidades son sentidas como llamadas para el educador. La espiritualidad lasaliana subraya el misterio de la persona, la cual es capaz de superar su realidad presente, está dotada de libertad y puede decidir entre el bien y el mal. La espiritualidad lasaliana resalta la relación de solidaridad en la que hay que educar a los alumnos, y la atención especial que merece quien es más pobre. La espiritualidad lasaliana presenta al educador como mediador en el desarrollo integral del alumno, y recuerda al educador que su aportación más importante a la educación del niño no consiste en los conocimientos teóricos sino en un modo de vivir, el cual se transmite por el ejemplo, más que por las palabras.
El segundo estrato de la espiritualidad lasaliana da significado religioso al anterior y revela la relación de la persona del alumno y la persona del educador con Dios. Cada lasaliano podrá traducir en sus categorías religiosas la mediación asumida por el educador, e igualmente el misterio y la interioridad de la persona, la obra de salvación que Dios realiza a través de nosotros, la preocupación debida al más pobre…
El tercer estrato recoge los anteriores y los interpreta desde la historia de la salvación que nos presenta la Biblia y a la luz del misterio pascual de Cristo. En este estrato encuentran su pleno sentido los conceptos típicos de la espiritualidad lasaliana tales como “obra de Dios”, “ministros y embajadores de Cristo”, responsables de la salvación de nuestros alumnos, “revestir del espíritu de Jesucristo”, etc.

La segunda perspectiva es netamente cristiana, o más exactamente católica, a partir de la reflexión del Concilio Vaticano II, que afirma que las “semillas del Verbo” (Ad gentes, 11.2, 15.1) están en las otras culturas y en las otras religiones. Muchos elementos que los cristianos relacionamos con el mensaje del Verbo encarnado, Jesucristo, están ya en otras culturas y religiones, al menos como semilla, y podemos reconocerlos en personas no cristianas. Esta afirmación podemos traspasarla a la perspectiva de los no cristianos: muchas de estas personas, cuando entran en contacto con sistemas de valores o escuelas de espiritualidad de raíz cristiana, como es el caso de la espiritualidad lasaliana, pueden sentirse a gusto en ellos porque encuentran reflejados o realzados muchos de los valores y de las aportaciones de sentido que están también presentes, explícita o implícitamente, en su propia religión. La espiritualidad lasaliana es para muchos educadores no cristianos un medio de ser mejores creyentes respecto de su propia religión o humanismo, y es para todos los lasalianos un punto de encuentro y una fuente común de sentido para la misión que compartimos.

FORMACIÓN PARA LA ASOCIACIÓN

  1. Un proceso complejo.
    La formación para la asociación lasaliana es un proceso complejo, no puede reducirse al aprendizaje o conocimiento intelectual de una serie de elementos históricos o doctrinales. Su objetivo es facilitar la interiorización de los elementos constitutivos de la identidad lasaliana. Implica también el acompañamiento de las personas en su proceso de descubrimiento y maduración de esta identidad.
  2. En tres dimensiones.
    La formación se propone ayudar a las personas a descubrir las siguientes dimensiones, a experimentarlas y crecer en ellas:
    – El propio itinerario personal, humano y espiritual, su significado a la luz del itinerario de Juan Bautista de La Salle, y en el interior de un itinerario de comunión con los demás lasalianos.
    – La misión, siempre relacionada con el servicio educativo a los pobres, a la luz del carisma lasaliano.
    – La comunión como respuesta de vida a la misión. Con esta perspectiva se puede entender la asociación lasaliana, como compromiso que nos une en solidaridad, ante Dios, con otros lasalianos, para servir a los pobres por la educación.
  3. Con un acompañamiento que encuentra a cada uno en su propio nivel.
    La formación lasaliana se plantea como ideal el encontrar a cada persona en el lugar o nivel en que se encuentra, para ayudarla a avanzar en la dirección que indican las tres dimensiones anteriores, siempre en el respeto a la identidad de cada cual. Por ello, la formación lasaliana requiere el acompañamiento de las personas y de los grupos en la realidad de la vida y, siempre en lo posible, ha de desarrollarse en diversos niveles, con programas de fundamentación básica e iniciación, programas más avanzados para personas comprometidas o que desearían comprometerse, y programas desarrollados para las personas ya comprometidas en asociación.


FUNDADOR

  1. Juan Bautista de La Salle, Fundador.
    Juan Bautista de La Salle es considerado “Fundador”, no sólo por los Hermanos, sino por otras personas, consagradas y seglares, que se refieren a él en estos términos: “nuestro Fundador”. Este reconocimiento no se debe sólo a una muestra de afecto, sino a una razón objetiva, pues “en la persona de san Juan Bautista de La Salle”, según dice la Regla de los Hermanos (n. 20), “el Espíritu de Dios ha confiado a la Iglesia un carisma que todavía hoy anima a los Hermanos y a numerosos educadores”. Tal reconocimiento va unido a la aceptación de Juan Bautista de La Salle como maestro de vida y guía espiritual. Su itinerario evangélico y sus escritos son un punto obligado de encuentro.
    El considerar a Juan Bautista de La Salle como “Fundador” equivale a afirmar que posee un carisma que le permite descubrir, discernir y valorar aspectos fundamentales de la realidad que nos toca vivir a nosotros. Desde ese carisma ha iniciado en la Iglesia un camino en el que hoy muchas personas nos sentimos confiadas y lo recorremos como una vocación. Ese camino se identificaba hasta hace poco con el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas; sin embargo hoy, en la Iglesia-Comunión, vemos que dicho camino admite diversas estructuras y formas de recorrerlo.
    2. El dinamismo fundacional de Juan Bautista de La Salle.
    Dice la Regla actual de los Hermanos: “Impresionado por la situación de abandono de los ‘hijos de los artesanos y de los pobres’, Juan Bautista de La Salle descubrió, a la luz de la fe, la misión de su Instituto como respuesta concreta a su contemplación del designio salvador de Dios.” (Regla 11).
    La primera cosa que la Regla nos hace notar es que entre la experiencia de fe y la llamada que Juan Bautista experimenta por el carisma, hay un fluir continuo. Y la segunda es que el centro de gravedad está, no en el Ins¬tituto, sino en la misión. Esta es anterior al Instituto en todo sentido.

¿Qué significa ese “descubrimiento de la misión”, hecho por Juan Bautista de La Salle?
– Está atento a una realidad externa: “la situación de abando¬no…”.
– Desde una actitud interna: “su contempla¬ción del desig¬nio salvador de Dios”.
– Consecuencia: Juan Bautista resulta “impresionado” por aquella rea¬lidad, la “descu¬bre” como llamada de Dios y “responde”… Es la acción del Espíritu en Juan Bautista, a través del carisma que le concede.

Dicho carisma, el que heredamos de él, le permite descubrir la educa¬ción cristia¬na de los ni¬ños, sobre todo de los pobres, como lugar pri¬vilegiado de presen¬cia y crecimiento del Reino. Gracias también a ese carisma, valora la dedicación a dicha labor como un minis¬terio de gran im¬portancia en la Iglesia.
Finalmente, su carisma personal de Fundador le lleva también a buscar una res¬puesta con¬creta: de los posibles caminos para dedicarse a esta misión, La Sa¬lle cultiva y desarrolla uno, el de los “Hermanos”, célibes consagrados en comunidad para la misión; y experimenta otro, el de los “Maes¬tros rurales”, seglares que desarrollarán su labor casi ais¬lados, pero a los cuales Juan Bautista procura reunir de vez en cuando para motivarlos en su ministerio.
Como vemos, la consistencia de esta respuesta concreta procede del carisma que se despliega en los pasos descritos anteriormente.

Hoy, las respuestas originadas por el mismo carisma son más variadas, como corresponden a una nueva situación, inimaginable en tiempos de La Salle, que es la colaboración entre Herma¬nos y otros religiosos y religiosas, seglares, sacerdotes, pero también con creyentes de otras religiones. Por eso nos dice la Regla de los Hermanos en su último número: “Hoy, como entonces, su llamada no es de mero iniciador, sino de Fundador, que sigue inspirando y sosteniendo.” (Regla, 149).

  1. Fundador de los Hermanos.
    “El Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas es la primera forma de asociación querida por Juan Bautista de La Salle” (43º Capítulo General, Circular 447, p. 3). Los Hermanos se consideran legítimamente los primeros herederos de Juan Bautista de La Salle y su carisma. El conjunto de los Hermanos y cada Comunidad en particular, sigue representando de una manera especial el proyecto lasaliano iniciado por su Fundador, pues ellos lo encarnan en la forma que más se aproxima a aquella que Juan Bautista de La Salle puso en marcha.
    Esta referencia de los Hermanos a Juan Bautista de La Salle les hace especialmente responsables en el interior de la Familia lasaliana de tres funciones, sin que les pertenezcan a ellos de manera exclusiva:
    – Han de ser corazón del carisma en la Familia lasaliana, por su preferencia afectiva hacia los pobres, por ser mediadores de la luz de Dios para los compañeros en la misión lasaliana ayudándoles a descubrir el sentido y el valor de su labor educativa, por comunicar la experiencia de la fraternidad y promover la espiritualidad de la comunión en toda la Familia lasaliana.
    – Han de ser memoria del carisma lasaliano. Memoria litúrgica que actualiza las experiencias carismáticas del Fundador y los primeros Hermanos, memoria viva que establece la conexión entre nuestras raíces fundacionales y la actualidad de la Asociación lasaliana en la Iglesia y el mundo de hoy.
    – Han de ser garantía del carisma en el proyecto y la Familia lasaliana, al hacer de la asociación el eje central de su identidad y vivirla como consagración.


HERMANO – FRÈRE – BROTHER

  1. Hermano (de las Escuelas Cristianas).
    “Hermano” es el término utilizado universalmente para referirse a todos y cada un o de los miembros del Instituto fundado por san Juan Bautista de La Salle. La Regla original lo expresaba así: “Los miembros de este Instituto se llamarán Hermanos, y nunca permitirán que se les llame de otro modo” (RC, cap. 1º,1).
    El término fue escogido por la Comunidad lasaliana desde 1684, aunque probablemente se utilizara ya entre los miembros de la Comunidad durante los dos años anteriores. Corresponde a una opción positiva: deciden cambiar el nombre de “maestros”, con el que eran normalmente conocidos hasta entonces, por el de “Hermanos”, para expresar de modo directo el tipo de proyecto que están poniendo en marcha, un proyecto de fraternidad ministerial: quieren ser hermanos entre sí y hermanos para sus discípulos.
    ? En primer lugar, expresa el tipo de relaciones que quieren crear entre sí; es un proyecto de fraternidad, un proyecto de comunión entre iguales, que tiene como modelo el cuadro que nos dibuja San Lucas en los Hechos de los Apóstoles sobre la manera de vivir de los primeros cristianos: “Tenían un solo corazón y una sola alma… Lo tenían todo en común…”. Juan Bautista de La Salle expresa y propone este ideal frecuentemente a sus Hermanos (cf. EMO 2,27; Meditaciones 39,3; 65; 74,1; 91,2; 113,2).
    ? Al mismo tiempo, indica también la forma como quieren ser percibidos y apreciados por los alumnos, el tipo de relación educativa entre maestros y discípulos. El proyecto de fraternidad es inseparable del proyecto de una escuela que eduque según el espíritu de Jesucristo. En la construcción de una escuela fraterna los educadores realizan la primera contribución con sus personas, con su cercanía a los niños y jóvenes, con el estilo fraternal de relaciones entre ellos. La Guía de las Escuelas abunda en referencias a dicho estilo cercano, afectuoso, fraterno, de los educadores respecto a sus discípulos.

Por consiguiente, el título “Hermano”, referido a los miembros del Instituto lasaliano, no debe definirse en primer lugar en forma negativa, justificándolo por el hecho de “no ser sacerdotes”. Sin embargo es frecuente esta confusión, que olvida o quita importancia al verdadero motivo y significado de dicho título.

  1. Hermano/a, una dimensión carismática de todo lasaliano/a.
    El Hermano (de las Escuelas Cristianas) es un signo, no un acaparador, de la fraternidad dentro de la Familia lasaliana. Se puede decir que personaliza con su consagración lo que constituye una dimensión carismática de todo lasaliano/a, el estilo de fraternidad, tanto en la relación con los otros lasalianos como en la relación con los destinatarios de la misión.
    Ser hermano o hermana es parte del compromiso asociativo, esencial para que la nueva asociación lasaliana continúe en la Iglesia-Comunión el proyecto original de Juan Bautista de La Salle, y para que los educadores/as lasalianos/as continúen edificando una escuela fraterna que da la máxima importancia a las personas de los niños y de cada niño en particular, que promueve un estilo comunitario de vida y que utiliza como clave principal de la educación el “mover los corazones” (en francés: “toucher les coeurs”) de los discípulos (cf. MD 43,3; MF 139,3).


HISTORIA FUNDACIONAL

  1. Historia fundacional.
    “…Nuestra historia fundacional, la historia de cómo llegamos a ser y cómo comenzamos a experimentarnos y percibirnos como algo original, diferente y distinto” (Hno. John Johnston, Superior General, Carta Pastoral del 1-01-2000, “El desafío: Vivir hoy nuestra historia fundacional”, p. 12).
    “Historia fundacional” es un concepto ligado a la identidad, el carisma, la razón de ser de un grupo o pueblo, que en nuestro caso es la Familia lasaliana, y dentro de ella los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Nuestra “historia fundacional” es como el punto fijo e invariable, la brújula, al que tenemos que referirnos con frecuencia para orientarnos dentro de un mapa donde los demás puntos parecen cambiar.
    La historia de nuestros orígenes revela nuestra identidad, nos describe, dice cuáles son nuestros valores, por qué y para qué existimos. No se ha de entender como “modelo para copiar” o para intentar imitar mecánicamente, sino como fuente de inspiración y discernimiento que ilumina nuestro presente y nos ayuda a interpretarlo. “Debemos permitir que la fuerza de nuestra historia fundacional y la interpretación de La Salle de la misma, nos formen, desafíen e inspiren. La visión renovada, el compromiso y el dinamismo surgirán de esa meditación. Llegaremos a comprender el significado de fidelidad creativa y la haremos realidad” (Hno. John Johnston, id. p. 20)
  2. Mito inicial.
    “Mito inicial” es un concepto intercambiable con el de “historia fundacional”, pero añade o subraya algunos rasgos, tal como lo encontramos en la exégesis bíblica actual o en la psicología profunda.
    En primer lugar, ha de separarse del significado que a veces se ha dado al término “mito” en la literatura, como un cuento de ficción para entretenimiento.
    El término “mito” subraya la unidad de todo el relato de la historia fundacional, no susceptible de romperse en anécdotas aisladas. En el relato mítico, cada parte del relato ha de leerse en conexión con las otras partes, y ser comprendida a la luz del conjunto.
    El “mito” deja en segundo término la preocupación por la exactitud histórica de cada acontecimiento por separado o la relación de éste con los personajes históricos a que se refiere el relato, y pasa en primer término su significado o mensaje para nosotros. En cierto sentido, el mito recupera la historia, que como tal es pasada y referida a personajes pasados, y la convierte en “nuestra historia”, espejo en el que nosotros podemos contemplarnos y comprendernos. Por ello, la expresión del mito o relato inicial se hace con diversas acentuaciones, según sea el momento y las circunstancias actuales que sirven de perspectiva para leer la historia.
    El “mito inicial” de nuestra historia lasaliana es el relato de los orígenes, que está más allá de lo anecdótico porque se refiere a experiencias de vida relacionadas en una trama en la que el Espíritu Santo ha tenido un protagonismo directo. Nuestro “mito inicial” es la narración de cómo entró en la historia el carisma lasaliano, de cómo surge la identidad colectiva “Hermanos de las Escuelas Cristianas”; y, con la perspectiva actual podemos añadir, de cómo surge la identidad colectiva lasaliana. En nuestro mito inicial encontramos el sentido de nuestra identidad, aquello que nos permite sentir que formamos parte del mundo y de la Iglesia pero con algo especial; algo especial para enriquecer el conjunto.
  3. Acontecimiento fundante
    Dentro de la historia fundacional o del mito inicial podemos referirnos a ciertos acontecimientos que tienen una importancia especial para el conjunto, son como nudos que refuerzan la continuidad en la sucesión lineal del relato, o focos de luz que iluminan y ayudan a entender todo el conjunto. En ellos nuestra identidad colectiva se ve especialmente enraizada y fundamentada. Son los acontecimientos fundantes.
    En lo que se refiere a nuestra historia fundacional lasaliana podemos identificar el Voto de Asociación de 1691 (21 de noviembre, Juan Bautista de La Salle y dos Hermanos) y de 1694 (6 de junio, Juan Bautista de La Salle y doce Hermanos), como dos escenas del mismo acontecimiento fundante que viene a ser como el “centro de gravedad” de nuestro mito inicial.
    El Capítulo General del 2000, al hacer su lectura de nuestra historia fundacional llama la atención de todos los lasalianos sobre la importancia excepcional de dicho acontecimiento: “El acontecimiento fundacional que une al Instituto de hoy con sus orígenes es aquel del 6 de junio de 1694, cuando San Juan Bautista de La Salle y doce de sus compañeros se asociaron para consagrar su vida a la educación cristiana de los niños pobres” (43º Capítulo General, Circ. 447, p.2).


IDENTIDAD LASALIANA

  1. Identidad y carisma.
    La identidad lasaliana es una forma carismática de vivir la comunión para la misión. Al decir “forma carismática” se quiere decir que esta identidad se vive por vocación, como un don recibido del Espíritu. Se trata aquí del carisma lasaliano, en referencia a Juan Bautista de La Salle, la persona por la cual este carisma comienza a existir en la Iglesia.
    Guiados o inspirados por el carisma lasaliano, quienes participan en esta identidad desarrollan la comunión como una fraternidad laical al servicio de la misión educativa de los pobres.
    La identidad lasaliana es un factor dinámico con el que la persona se va moldeando y adquiriendo forma ante sí misma y ante aquellos con los que convive. Cada uno asume la identidad de manera propia, pero siempre con rasgos comunes, por los cuales podemos hablar de una “identidad colectiva” que permite reconocerse entre sí a los llamados “lasalianos”, y ser reconocidos desde fuera en un modo de ser, de vivir, de actuar, de educar,… y en una serie de valores que implican, al mismo tiempo, ciertas prioridades y criterios con los que orientan la proyección en la misión.
  2. Tres dimensiones esenciales.
    La identidad lasaliana se puede describir de diversas formas, según las culturas, y desde perspectivas diferentes. Pero hay ciertas dimensiones que, de una forma o de otra, están siempre presentes. Decimos “dimensiones” porque en ellas se puede crecer más o menos.
    – Comencemos por la dimensión misionera: la identidad lasaliana surge en la Iglesia como respuesta a las necesidades educativas de los pobres y, desde éstos, de los niños y jóvenes en general. La identidad lasaliana se desarrolla sobre la experiencia de ser educador, que no se confunde con la de ser profesor ni van juntas necesariamente. Es la experiencia de ser mediador en el desarrollo y crecimiento de los destinatarios de nuestra misión. Los destinatarios de la misión son reconocidos siguiendo una dirección que busca, entre los niños y jóvenes, aquellos que son más necesitados, más pobres.
    – La dimensión comunitaria es, probablemente, la característica más llamativa en la identidad lasaliana, en cuanto que señala el modo carismático de dar respuesta a la misión educativa. La comunidad, en sus diversas formas, es el seno materno de la identidad lasaliana, es en ella donde el Espíritu comunica su carisma, donde los lasalianos comparten su fe y su experiencia de Dios, donde leen juntos los signos por los que Dios les habla, donde escuchan las voces que les llegan de la misión, donde se preguntan por la respuesta que han de dar a esas llamadas. La comunidad es también la forma de educar, la manera de plantear los centros educativos y de organizar su dirección y gestión. La comunidad lasaliana subraya los lazos fraternos, no jerárquicos; pone el acento en la relación cercana y solidaria entre los miembros de la comunidad y los destinatarios de su misión.
    – La dimensión religiosa o trascendente proporciona a las dos anteriores su motivación más profunda. Por ella, la persona se ve a sí misma como instrumento al servicio de la Obra de Dios, y como mediadora en la salvación que Dios lleva a cabo entre los niños y jóvenes. Desde esta perspectiva, la identidad lasaliana puede definirse como una participación específica o carismática en la comunión de la Trinidad, que es una comunión misionera. Esta dimensión puede vivirse de una forma especialmente significativa como consagración religiosa, la cual, a su vez, tiende a hacer más radicales y significativas las dos dimensiones anteriores.


LAICO – SEGLAR (español) – LAICO CONSAGRADO

  1. Etimología de “laico”.
    La etimología del término “laico” nos aclara ya un aspecto importante del concepto. Procede del griego “laos”, que significa “pueblo”. Laico, en su significado etimológico, significa “el que pertenece al pueblo”.
  2. Significado de “laico” (y “seglar”, en español).
    El término “laico” adopta un sentido diferente, según el contexto en el que se utiliza.
    En el contexto social, “laico” se ha empleado frecuentemente como opuesto a “eclesial” o “religioso” (en este sentido se habla de “poder laical” frente a “poder religioso”). En el siglo XIX y buena parte del XX, en todo Occidente, el concepto “laico” ha tenido un fuerte carácter reivindicativo frente a todo lo referido a la Iglesia y los signos religiosos. Esta tendencia laical ha sido especialmente notable en Francia, y sigue aún muy presente en las leyes y en la cultura francesas.
    En el interior del contexto eclesial, “laico” representa la identidad del cristiano, sin más; “laico” es el que pertenece al pueblo cristiano, y más específicamente, el cristiano que no pertenece a la jerarquía. Incluye, por tanto, a las religiosas y los religiosos no sacerdotes (como los Hermanos). En este caso se trata de un concepto positivo, no reivindicativo. Frecuentemente, siempre en dependencia del contexto, se utiliza para designar a todas las personas, incluidas las que pertenecen a otras religiones y los no creyentes, exceptuando sacerdotes y religiosos/as.

“Seglar” es un concepto que sólo aparece en un contexto eclesial, y sólo se utiliza en español, especialmente en España. En América Latina es poco usado. El término francés equivalente, “seculier”, ha quedado en desuso. Se traduce al francés y al inglés siempre como laico: laïc (francés), lay (inglés). Cuando se utiliza en español suele incluir a cristianos y no cristianos, pero exceptuando siempre a religiosos/as y sacerdotes. Su significado es, pues, más limitado que el de “laico”. Podemos referirnos, por ejemplo, a religiosos laicos, pero nunca a religiosos seglares, pues estos dos términos se excluyen mutuamente.

  1. “Laico consagrado”.
    “Laico consagrado” es el laico que señala con un signo especial o público (“consagración”) su referencia a Dios, pero sin integrarse en la jerarquía o en el sacerdocio. Es el caso del Hermano FSC, que siempre se ha tenido a sí mismo como “religioso laico”.


LASALIANO/A (persona)

En sentido amplio: “lasaliano/a” es la persona que se considera en relación de pertenencia a La Salle (Familia lasaliana, Instituciones lasalianas). Esa pertenencia puede ser simplemente afectiva, o también simplemente institucional. En este sentido se llama “lasalianos” a todos los antiguos alumnos y a todas las personas que forman parte de las instituciones La Salle, independientemente del grado de integración en su espíritu.
En sentido estricto: “lasaliano” se refiere a una forma de ser educador, cristiano, creyente… en referencia a San Juan Bautista de La Salle, y por tanto designa a la persona que participa en la misión lasaliana desde el espíritu de La Salle.
Es frecuente el uso ambivalente de este término en el doble sentido indicado. Se puede decir que ambos sentidos son legítimos, pero conviene especificar en el contexto cuál de los dos sentidos estamos utilizando.


MINISTERIO

  1. Concepto eclesial de Ministerio.
    “Ministerio” es la realización de una misión eclesial según un carisma reconocido, aprobado e institucionalizado por la Iglesia para la construcción del Cuerpo de Cristo.
    “Los ministerios presentes y operantes en la Iglesia, si bien con modalidades diversas, son todos una participación en el ministerio de Jesucristo, el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas (cf. Jn 10,11), el siervo humilde y totalmente sacrificado por la salvación de todos (cf. Mc 10,45).” (Christifideles laici, 21.3)
    Durante siglos, hasta el Concilio Vaticano II, ha sido un término usado en la Iglesia casi en exclusiva como equivalente de “ministerio sacerdotal”. A partir del Concilio han comenzado a recuperarse otros ministerios, concretamente los ministerios laicales.
    El ministerio sacerdotal se deriva del Sacramento del Orden (ChL 22.1). Los ministerios laicales tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Confirmación (ChL 23.2).
  2. Ministerio y Misión.
    “Ministerio” y “Misión” se utilizan a veces de forma confusa o indiferentemente, el uno por el otro. En realidad hay una clara distinción aunque estén también íntimamente relacionados: ministerio es el modo de realizar la misión, a partir de determinado carisma y de un reconocimiento por parte de la autoridad eclesial correspondiente; por tanto, se puede participar en una misma misión desde ministerios diferentes. Por ejemplo, podemos hablar de la misión educativa y de ministerios que realizan o sirven a esa misión desde diversos carismas.
    El ministerio se concreta o realiza a través de tareas, pero sin identificarse con ellas. Por ejemplo, el hecho de repartir la comunión o de explicar el Evangelio en la misa no implica necesariamente realizar el ministerio sacerdotal o diaconal, aunque esas tareas se asocian normalmente a estos ministerios. De la misma forma, dar clase o animar un grupo de catequesis no equivale, por sí solo, a realizar el ministerio lasaliano.
  3. Ministro e identidad ministerial.
    El ministerio da lugar a una identidad: ser ministro lleva consigo un modo de vida, una espiritualidad, un tipo de relación social…
    El “ministro”, ya sea una persona o un grupo ministerial, se hace signo de la misión, para los demás y para sí mismo. Desarrolla para la comunidad una función ministerial y vive identificado con el ministerio, el cual se ha convertido para él en una experiencia que configura su vida pues tiende a influir en cada aspecto importante de su vida.
    Por tanto, el ministerio, cualquiera que sea en la Iglesia, tiene dos facetas inseparables:
    – la que se refiere a la realización de una parcela de la misión eclesial, que se concreta en tareas específicas;
    – y la que se refiere a la persona del ministro; la persona tiende a configurarse desde y para esa misión eclesial.
    Por eso decimos que el ministerio da origen a una identidad ministerial, y nunca es equivalente a un conjunto de tareas.
  4. Ministerio lasaliano.
    Es una forma particular de vivir y realizar la misión educativa, inspirada por el carisma lasaliano. El centro de esta misión está claramente definido como la evangelización y el servicio educativo de los pobres. Partiendo de este centro la misión se va ampliando en círculos concéntricos, para alcanzar primeramente a todos los niños y jóvenes. No hay que olvidar que la misión a la que se refiere el ministerio lasaliano es, en realidad, una parcela de la misión total de la Iglesia, y entre esa parcela y la misión total no existen fronteras ni límites definidos.
    La fundamentación teológica del ministerio lasaliano está adecuadamente expuesta por San Juan Bautista de La Salle en sus Meditaciones para el Tiempo del Retiro.
  5. El Ministerio lasaliano del Hermano.
    Dentro del conjunto del ministerio lasaliano podemos referirnos al ministerio específico del Hermano, o más exactamente, de “los Hermanos” (plural) pues se trata de un ministerio que realizan “juntos y por asociación”, no individualmente.
    El Decreto de Aprobación de la Regla de 1987 señala brevemente, y distingue al mismo tiempo, la misión a la cual los Hermanos son llamados, la misma misión en la que está comprometida toda la Familia Lasaliana, “procurar una educación humana y cristiana a los jóvenes, especialmente a los pobres”, esta misión los Hermanos la realizan “según el ministerio que la Iglesia les confía”, es decir, “consagrados a Dios como religiosos laicos” y viviendo el carisma que el Decreto sintetiza a continuación en tres frases, pero que la Regla se encargará después de describir: “Tratan de considerar todo con los ojos de la fe, comparten en comunidad la experiencia de Dios y desempeñan ‘juntos y por asociación’ su servicio de evangelización, principalmente en las escuelas.”
    Por este ministerio específico los Hermanos son signo para toda la Familia Lasaliana de la misión y el carisma que han sido encomendados a toda esta Familia.
    6. Comunidad ministerial, Fraternidad ministerial.
    Toda comunidad cristiana tiene su razón de ser en la misión evangelizadora, al igual que la Iglesia en su conjunto (cf. Evangelii nuntiandi 14). Algunas comunidades cristianas están, además, fuertemente caracterizadas y vivificadas por un carisma especial. En virtud de ese carisma la Iglesia les confía un ministerio. Este es el caso de la comunidad de los Hermanos y, a partir de ellos, de la comunidad lasaliana.
    La comunidad lasaliana es una comunidad ministerial, dedicada al servicio educativo de los pobres desde el carisma lasaliano. El ministerio da a esta comunidad su identidad peculiar en la Iglesia y la configura tanto interna como externamente.
    El concepto “fraternidad ministerial” es equivalente al de “comunidad ministerial”, pero pone el acento en la relación fraterna entre los miembros de la comunidad, que es un aspecto profético del carisma lasaliano. Puede referirse tanto a la comunidad local como al conjunto de comunidades unidas en el mismo carisma.
    Los miembros de una comunidad ministerial pueden realizar funciones muy diversas; incluso algunos miembros pueden estar imposibilitados para cualquier tarea externa, por enfermedad o por edad. El ministerio no está ligado a una función concreta. Es el conjunto de la comunidad / fraternidad quien realiza el ministerio y a ello contribuyen las diversas funciones de sus miembros, incluida la oración, el sufrimiento de los enfermos, la actitud solidaria de unos con otros…
  6. Otros usos particulares del término “ministerio”.
    El concepto fundamental, en clave teológica y eclesiológica, del término “ministerio” y su correlativo “ministro”, según lo hemos presentado aquí, se puede considerar semejante en los ámbitos culturales del francés, español e inglés. Sin embargo es preciso tener en cuenta ciertos usos particulares del mismo término que pueden inducir a confusión cuando se traducen mecánicamente de una lengua a otra.
    En los ámbitos francófono e hispanófono el uso de este vocablo en el contexto lasaliano es bastante restringido, y suele reservarse para designar globalmente el desarrollo y vivencia de la misión lasaliana, según se ha descrito en los apartados anteriores. No así en el ámbito anglófono, donde suele utilizarse también con otros significados: para designar funciones particulares tales como la animación de la pastoral vocacional, la animación religiosa de una obra educativa o el liderazgo de una comunidad, pero también para referirse a las obras o centros educativos en los que se desarrolla la misión lasaliana.


LOS POBRES (EL SERVICIO EDUCATIVO DE)

  1. Los pobres, nuestros principales destinatarios.
    “Desde los orígenes, el Instituto se define como suscitado por Dios para la evangelización y el servicio educativo de los pobres” (Circular 447, p. 20). Así comienza el capítulo dedicado a la Misión en las Actas del 43º Capítulo General, dejando claro desde el principio quiénes son los principales destinatarios de la misión del Instituto.
    No es suficiente, ni es cierto históricamente, decir que nuestra justificación es la educación de los niños y jóvenes. La justificación primera y fundamental de nuestro proyecto educativo lasaliano está en los pobres. Nacimos para educar a los pobres y, desde ellos, a todos los niños y jóvenes. Esta es la opción que está en nuestras raíces.
    La Regla original del Instituto tampoco permite ninguna duda sobre quiénes son los destinatarios preferidos de este Instituto, ni sobre el motivo por el que ha sido fundado, como tampoco sobre la importancia de este ministerio (Regla 1718, cap. 1, nn. 4-5):
    “Este Instituto es de grandísima necesidad, porque estando los artesanos y los pobres ordinariamente poco instruidos, y ocupados todo el día en ganar su sustento y el de sus hijos, no pueden darles por sí mismos las instrucciones que necesitan, y una educación honrada y cristiana.
    Procurar esta ventaja a los hijos de los artesanos y de los pobres, tal ha sido el motivo por el cual se han instituido las Escuelas Cristianas.”
    El término “pobre” no es un concepto absoluto sino que adquiere real significado solamente al situarlo en un contexto social, y por tanto no tiene la misma equivalencia al emplearlo en un contexto de Tercer Mundo (países en vías de desarrollo) o de Cuarto Mundo (núcleos sociales de pobreza que coexisten en países desarrollados), o referido a un contexto moral o afectivo… Sin embargo, de forma general puede decirse que “pobre” es la persona que está afectada por alguna “situación de pobreza”, y por tal se entiende, no simplemente una carencia o necesidad, sino una limitación humana que dificulta, en modo relativamente grave, la realización o maduración de la persona, o la marginan del conjunto social: pobreza económica, intelectual, afectiva, física, psíquica,…
    La “Declaración del Hermano en el mundo actual”, producida por el 39º Capítulo General (1966-67) reconoce la diversidad de pobrezas, pero al mismo tiempo apunta a la pobreza material como aquella que requiere nuestra especial atención, sin exclusividad, y lo justifica así: “Es verdad que la pobreza o mengua de entendimiento, de afecto, de fe, reclaman nuestra atención y nuestra actividad educativa. Mas, aunque así sea, no deja de ser cierto que la pobreza material resulta aún muchas veces causa de esas otras formas de pobreza, y que los hay más pobres, carentes de familia y de salud, o inadaptados socialmente.” (D 29.3)
  2. La opción por los pobres.
    El señalar a los pobres como principales destinatarios de nuestra misión no equivale simplemente a una dedicación especial de tiempo o de energías, sino a hacer de ellos nuestra opción prioritaria, sea cual sea el contexto social en el que nos encontramos, lo cual podemos traducirlo de esta forma: la opción por los pobres incorpora a nuestra mirada una dirección y una perspectiva:
    – Una dirección en la mirada: Al encontrarse con el grupo de personas a las que es enviado, el grupo de alumnos, por ejemplo, sea cual sea la clase social a la que éstos pertenezcan, la mirada del educador lleva en sí un dinamismo que la conduce a buscar entre el grupo aquellos que están más afectados por limitaciones o pobrezas de diverso tipo: económicas, afectivas, psicológicas, intelectuales, morales,… Y a partir de ellos establece sus prioridades, la dedicación de su tiempo y sus energías…
    – Una perspectiva o punto de mira para contemplar la realidad. El educador muestra a sus alumnos una realidad social, histórica… pero ¿desde qué perspectiva? Enseñar desde la opción por el pobre marca una manera de contemplar la realidad, sean quienes sean los destinatarios inmediatos de nuestra enseñanza, y asume la intención de suscitar en éstos la solidaridad con los menos afortunados.
  3. Una característica esencial al carisma lasaliano.
    La opción preferencial por los pobres no es sólo una característica que debe perseguir el Instituto FSC sino que es propia y esencial al carisma lasaliano, de tal forma que ninguna institución o grupo que se reconozca “lasaliano” puede excusarse de ella.
    La dirección en la mirada, a la que aludíamos antes, debe incorporarla cada educador lasaliano a nivel personal, pero igualmente cada comunidad, el distrito, la institución entera, cada uno en el campo que le corresponda. La dirección de la mirada determinará dónde se centran y a quién se dedican nuestros análisis más cuidados, los mejores esfuerzos, las personas más capaces, la renovación de las obras…
    Igualmente, la perspectiva desde la que educamos debe afectar a cada educador lasaliano en particular y ser comunicada en lo posible a todos aquellos que comparten la misión educativa; pero debe ser también una característica definitoria de todos y cada uno de nuestros proyectos educativos, de cada programa académico. Y debe convertirse en un criterio esencial a la hora de evaluar nuestras obras educativas. El 43º Capítulo General propone estas tres características que permiten identificar un centro como lasaliano en lo referente al servicio educativo de los pobres:
    – Tener un plan de educación en la justicia y la solidaridad que oriente las actividades que se realizan, las experiencias que se proponen a los jóvenes y el estilo de relaciones que se establecen.
    – Buscar los medios materiales y pedagógicos para hacer eficaces y accesibles estos centros a los jóvenes con dificultades.
    – Actuar de manera que los jóvenes pobres y sus familias se sientan aceptados y a gusto en estos centros. (Circular 447, pp. 21-22)


REFUNDACIÓN

Este concepto se utiliza hoy a nivel general en el contexto de las Congregaciones Religiosas , y se entiende normalmente como el proceso de recuperación de las raíces carismáticas (o carisma fundacional) para desarrollarlas en el nuevo ‘ecosistema’ socio-eclesial.
Va más allá de la simple “renovación” de la que tanto se habló en los años que siguieron al Concilio Vaticano II. Se relaciona con la convicción de que estamos en un cambio de ciclo histórico. Han cambiado los puntos de referencia eclesiales, la interrelación de las identidades eclesiales, y el puesto que la vida religiosa ocupa en este nuevo contexto.
La “refundación” se presenta al Instituto de los Hermanos como el desafío de encontrar su puesto junto a los demás grupos e Instituciones de asociados en el marco de la Familia lasaliana, en el contexto de la Iglesia-Comunión. No se trata, como algunos interpretan erróneamente, de inventar otro Instituto diferente al que fue fundado por Juan Bautista de La Salle, sino de asumir el dinamismo creador del carisma siguiendo la inspiración y el ejemplo del Fundador, como dice la Regla de los Hermanos en su último número: “La vida de cualquier Instituto es una creación incesante en la fidelidad, que exige a veces decisiones costosas; así le sucedió a san Juan Bautista de La Salle en diversos momentos de su vida. Hoy como entonces, su llamada no es de mero iniciador, sino de Fundador, que sigue inspirando y sosteniendo.” (Regla FSC, 149).
El Instituto desarrolla hoy su misión al lado de otras muchas personas y grupos que también encarnan de diferentes formas el carisma lasaliano. Por eso debe preguntarse cuáles han de ser las modalidades nuevas y tradicionales de la presencia y acción de los Hermanos en el mundo educativo, con el fin de dar respuestas eficaces, pero también y sobre todo significativas, a las urgencias actuales.

UNIVERSALIDAD

Universalidad o “apertura universal” es una característica lasaliana que el 43º Capítulo General incluye entre las cinco que sirven de referencia para reconocer a quien desee asociarse: “una apertura universal que trasciende la persona y su realidad local”. (Circ. 447, p. 5).
La universalidad actúa sobre los dos ejes en que se construye la asociación lasaliana, la misión y la comunión, de la siguiente forma:
– Respecto de la misión, la universalidad nos lleva a sobrepasar la acción inmediata y las estructuras concretas en que se realiza, a no dejarse dominar por las circunstancias concretas que rodean un proyecto, el negarse a depender del supuesto éxito o fracaso del proyecto, lo mismo que a limitar el entusiasmo y la entrega a los destinatarios concretos de este proyecto. Y todo porque la persona, iluminada por la fe, ha transcendido la situación particular y se ha sentido partícipe del Plan de Dios, de la Obra de Dios. Se ha descubierto a sí misma como instrumento al servicio de esta Obra y con esa perspectiva universal retoma el proyecto particular porque con él cumple, aquí y ahora, la misión recibida de Dios.
– Respecto de la comunión, la universalidad nos lleva a sobrepasar los lazos propios de la comunidad inmediata, tales como las simpatías personales, las habilidades e intereses de las personas concretas, los planes internos,… no para renunciar a ellos, sino para relativizarlos en función de un horizonte más universal, el de la comunión para la misión lasaliana; en esta comunión entran otras personas a las que no hemos elegido, pero con las que sentimos convocados para la misión lasaliana. El compromiso de asociación resalta el auténtico fundamento y motivación de la comunidad, que es la misión. Gracias a ese compromiso esta comunidad se hace ministerial: la responsabilidad que se asume comunitariamente ante Dios y ante la Iglesia respecto de la misión (y de los proyectos en que se concreta la misión) adquiere prioridad frente a las apetencias o intereses personales.


VOLUNTARIOS

El término “voluntario”, dentro del mundo lasaliano, se emplea con diferentes alcances, pero siempre con este elemento común: designa a las personas que sirven a la misión lasaliana desde una actitud de gratuidad, sin recibir remuneración alguna por su trabajo.
En algunos distritos se conoce como “Voluntarios lasalianos” a aquellas personas que dedican gratuitamente una parte de su tiempo de forma más o menos periódica y sistemática (por ejemplo, unas horas semanales) a servir a la misión lasaliana, especialmente en proyectos destinados a los pobres. La edad y la profesión de estos “voluntarios lasalianos” suelen ser muy diversas, desde jóvenes estudiantes hasta personas mayores y personas que tienen su profesión u ocupación familiar muy al margen de las obras escolares. Suelen estar agrupados en una organización distrital que les proporciona encuentros y formación, no sólo en relación a las tareas que realizan sino al carisma y la espiritualidad lasaliana.
En otros distritos, el término “voluntarios lasalianos” se reserva a las personas (normalmente jóvenes que acaban de terminar sus estudios universitarios) que desarrollan una experiencia integral de asociación temporal en la misión lasaliana, en gratuidad, recibiendo sólo lo necesario para su sustento personal diario durante el tiempo que dura la experiencia, que suele ser de, al menos, un año o curso escolar, renovable una o más veces. La experiencia es vivida y acompañada en comunidad e iluminada por la espiritualidad lasaliana. Por sus características puede afirmarse que este tipo de experiencia favorece especialmente la comprensión de lo que es la asociación lasaliana, y la posible integración de un modo más permanente.
Frecuentemente se utiliza también este término para designar a los que participan en experiencias de misión más limitadas en el tiempo, en torno a un mes. En estos casos los objetivos se centran preferentemente en proporcionar a los participantes un conocimiento de la misión y sus destinatarios, más que en la experiencia de la “asociación para la misión”.


VOTO DE ASOCIACIÓN

  1. Significado del Voto de Asociación en la etapa fundacional.

La importancia del Voto de Asociación en el conjunto del itinerario lasaliano y como punto central de referencia en la historia lasaliana ha sido puesta de relieve por el 43º Capítulo General (año 2000), al afirmar:
“El voto de los orígenes que asocia al Fundador con doce Hermanos en 1694, para el servicio educativo de los pobres, es la fuente de las asociaciones lasalianas entre seglares y religiosos que quieren juntarse para trabajar en la misión lasaliana. Este es el origen de las nuevas respuestas asociativas para la misión” (Circ. 447, p. 3-4).

Normalmente, cuando nos referimos al voto de los orígenes, no se trata sólo de uno de los tres votos expresados en la fórmula de 1694, sino al conjunto de los tres, pues en realidad, cada uno de esos tres votos es la explicitación de un aspecto del voto global de asociación que se expresa en la segunda parte de la fórmula: “…prometo y hago voto de unirme y permanecer en sociedad…”.
El Voto de Asociación expresa y ratifica el proyecto de fraternidad que Juan Bautista de La Salle y los Hermanos habían comenzado a construir en los doce años anteriores a 1694. Exteriormente no añade nada, ni a la misión ni a la comunidad. Pero internamente las pone en referencia explícita a Dios mismo. Por este motivo sus protagonistas encontrarán una fuerza mayor para llevar adelante el proyecto.
El compromiso de cada persona no se establece con la obra de las escuelas sino con la Sociedad, es decir, con la “Comunidad para las escuelas gratuitas”. Esta característica define esencialmente el proyecto lasaliano: la comunión es la mediación elegida para lograr la finalidad; por eso el acento se pone en la relación fraterna entre los que componen la Sociedad, antes que en la proyección apostólica propiamente dicha, aunque ésta sea la finalidad de aquélla.
En síntesis, lo que nuestra primera comunidad lasaliana, con su Fundador al frente, intuyó que constituía el núcleo central de su vida consagrada era la comunión para la misión. O de manera más precisa: la fraternidad ministerial para la educación de los pobres. Estaban convencidos de que contribuían a procurar la gloria de Dios en la medida en que se dedicaban a edificar este tipo de fraternidad, a la cual no tenían reparo en identificar como la obra de Dios. Esta fraternidad ministerial es lo que en términos lasalianos se conoce como Asociación. Ese era el signo existencial que estaban viviendo con intensidad, y eso mismo es lo que convierten en signo oficial en su fórmula de consagración.

  1. Significado del Voto de Asociación en la actualidad.

Desde 1986 especialmente, se produce en el Instituto de los Hermanos la progresiva recuperación del Voto de Asociación, primeramente con su explicitación en la fórmula de Votos con este enunciado: Asociación para el servicio educativo de los pobres. El voto explícito había desaparecido de la fórmula de votos en 1726, tras la Bula de Aprobación, si bien siempre había estado implícito en la parte central de la fórmula.
En estos últimos años se está dando un proceso de reflexión en el Instituto para restituir al Voto de Asociación el puesto central en la consagración y la identidad del Hermano. Este proceso se efectúa con la ayuda, por una parte, de la reflexión actual de la Iglesia sobre su propia identidad, redescubierta como “comunión para la misión”; y por otra, del conocimiento creciente del itinerario de Juan Bautista de La Salle, sus escritos y su pensamiento.
En este proceso de recuperación, el Voto de Asociación para el servicio educativo de los pobres representa la unidad de la vida consagrada del Hermano: una alianza con Dios, con sus Hermanos y con sus discípulos; tres lazos donde cada uno de ellos remite a los otros dos.
El Voto expresa la intención de construir una fraternidad que tiene como finalidad el servicio educativo de los pobres. Es la manera carismática lasaliana de vivir la vocación eclesial: una comunión para la misión. Esta fraternidad se desarrolla en círculos concéntricos a partir del interior de la comunidad de los Hermanos y asocia a éstos con todos los que se comprometen en el servicio educativo de los pobres desde el carisma lasaliano.
El Voto de Asociación expresa la misión que motiva la consagración del Hermano. El servicio educativo de los pobres no es una simple “actividad apostólica”, sino la finalidad, el motivo esencial por el que el Hermano se consagra, para dar respuesta a las necesidades de la juventud pobre y alejada de la salvación. Igualmente, el Voto recuerda que la comunidad no existe para sí misma, sino que está establecida en función de la misión.
El Voto de Asociación es expresión del ministerio del Hermano, el cual no se identifica con la función o tarea que la persona realiza durante una parte de su vida, sino que equivale a toda su identidad de Hermano como servicio a la Iglesia, y es un ministerio comunitario.

 

Fraternidad Signum Fidei