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ORACIÓN LASALIANA (II) | Signum Fidei Andalucía

ORACIÓN LASALIANA (II)

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ORACIÓN LASALIANA (II)

1.- LA ORACIÓN HOY

Desde hace un tiempo, parece que el hombre se abre a la trascendencia. Como que siente la necesidad de algo más.

“La mayoría de las gaviotas no se molestaban en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas no es volar lo que interesa sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar’, (Richard Bach).

¿Será un signo de los tiempos? Ciertamente no está exento de ambigüedad, pero a nosotros consagrados a Dios, también al Signum Fidei, ¿Qué nos está diciendo?

En uno de los documentos de la Iglesia sobre la Vida Fraterna, se nos dice:

“En un momento como cl nuestro, en cl que se asiste a un cierto despertar de la búsqueda de trascendencia, las comunidades religiosas pueden llegar a ser lugares privilegiados donde se experimentan los caminos que conducen a Dios… Las personas consagradas a Dios hombres y mujeres, ¿dejarán de asistir a esta cita con la historia, no respondiendo a la “búsqueda de Dios” que sienten nuestros contemporáneos, induciéndoles, acaso a buscar en otra parte, por caminos equivocados, cómo saciar su hambre de Absoluto?” (Nº 20 Vida Fraterna en Comunidad).

El 42º Capitulo General recogió esta preocupación con algunas convicciones:

“Creemos que la vida de oración que alimenta la intimidad con Cristo es testimonio de la vitalidad, de la autenticidad de la vida comunitaria y es llamada a una mayor fidelidad”

“Reafirmamos que la oración mental debe ser considerada por los Hermanos como el primero y el principal de sus ejercicios diarios, y el que mejor puede atraer la bendición de Dios sobre todos los demás” (Cir. 435 p.53).

2.- ORACIÓN LASALIANA Y ORACIÓN DE JESÚS

Pocos meses antes de su muerte, en una de sus últimas cartas, el Fundador nos abre un poco, el velo siempre recatado, de su relación con Dios:

“Me persigue la idea de que habiendo transcurrido tanto tiempo en que he tenido tan poca oración, es conveniente que ahora le dedique mucho tiempo, con el fin de conocer la voluntad de Dios en lo que haya de hacer. Me parece que lo único que debo pedir a Dios en la oración es que me descubra lo que Él exige de mi, y me ponga en la disposición que me quiere” (Carta 5,1-2).

Este texto nos revela lo que constituye el corazón de la oración lasaliana, oración orientada al compromiso: “Voluntad de Dios”, “lo que Él quiere que haga”.

Oración que une MÉTODO DE ORACIÓN y MEDITACIONES PARA EL TIEMPO DE RETIRO: Tabor y Emaús; filiación divina y fraternidad humana en unión vital Presencia de Dios como primera parte del Método y actualizada a lo largo del día. Esta debe ser también nuestra oración. Una oración orientada particularmente a la búsqueda de la Voluntad de Dios, que no es otra que el bien de nuestros Hermanos, que tengan vida, que se comprometan en la realización del plan salvífico de Dios: la vida del mundo, la plena realización del hombre.

La oración. lasaliana hace suya la oración de Jesús, que es en un primer momento, apertura a Dios como su Padre. Jesús le invoca de una manera personal, silenciosa y profunda: ¡ABBA! Correlativamente la oración se expresa en el descubrimiento de la voluntad salvadora del Padre y se realiza en la entrega de la vida por los otros. (Heb. 5,7-10; Mt. 26,39-42). Por eso el Fundador nos habla de la escala de Jacob (Md. 198,1), que el Capitulo traduce en una hermosa expresión: “Es el, mismo Espíritu el que consagra a los Hermanos y convierte el corazón de los jóvenes”. De nuevo aquí, lo lasaliano es no hacer diferencia. Para él está muy claro, a lo mejor no tanto por nosotros, que no podemos decir PADRE si no somos fraternos y solidarios. Que no podemos orar si no tenemos capacidad de donación y compartir. En este sentido siempre será verdad que no son nuestras ocupaciones las que nos impiden orar, sino nuestra falta de amor a Dios o al hombre.

Tenemos tiempo para lo que amamos. Dejarnos de rezar cuando nuestra acción está motivada por ALGO y no por ALGUIEN. Lo importante es lograr la unión con Dios, sirviendo a los demás, con la certeza que nuestro servicio desinteresado a los demás no puede nacer más que del encuentro con el Señor, porque mal puede Uno ponerse con amor y desinterés al servicio del prójimo si antes no se ha sentado a los pies del Maestro para que sea su Espíritu el que guíe y se haga cargo de su vida. Si amamos a nuestros hermanos que Dios nos ha encomendado necesaria y espontáneamente brotará en nosotros la oración, porque seremos conscientes de que no podemos “tocar los corazones” (Md. 148.1) si el Espíritu de Dios no nos los abre.

3.- LA ORACIÓN DEL SIGNUM FIDEl

Una oración que no brota del YO PUEDO porque mi oración no va a depender fundamentalmente de la capacidad de control mental que pueda tener. Las técnicas de autodominio me pueden ayudar pero no son propiamente oración. No debemos olvidar que la oración, aunque tarea humana, es ante todo don de Dios.

Una oración que tampoco se reduce al YO PIENSO, porque la oración no es el resultado de mi especulación intelectual, ni de la lógica interna de mis pensamientos, ni de la belleza estética de los mismos.

Una oración que no se centra tampoco en el YO SIENTO, porque los sentimientos pueden ser útiles, pero no constituye la oración. Podemos aplicar a la oración lo que nos dice un refrán árabe: “Que distinto es ir al banquete por el banquete, que ir al banquete por el amigo”. Y el Fundador nos decía que es más importante buscar al Dios de los consuelos que los consuelos de Dios.

Nuestra oración debe nacer del YO QUIERO. No de un querer que al menos en español es sinónimo de poder. “Querer es poder”. Sino de un querer afectivo de abandono. En el fondo es decir al Señor “Yo quiero lo que Tú quieras”. Sequedad consuelos o vacío poco importa, con tal que sea lo que tú quieras. Es el sentido de la Carta cinco del Fundador que citábamos anteriormente. La oración es centramos en Dios y descentramos de nosotros mismos. Y en el caso de que honestamente sintamos que no queremos lo que Dios quiere por lo que de exigencia y de cruz pueda tener, orar es decirle al menos: “Señor yo quisiera querer lo que Tú quieres”. Sabemos que la actitud de abandono es el fruto más precioso de nuestra espiritualidad lasaliana. Nuestra oración debe ser:

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU porque se trata de “tocar los corazones” y no de una empresa human, porque muy a menudo no vemos claro lo que debemos hacer y no sabemos que pedir:

“El Espíritu viene en auxilio de nuestra debilidad: nosotros no sabemos a ciencia cierta lo que debemos pedir, pero el Espíritu en persona intercede por nosotros con gemidos, sin palabras y aquél que examina el corazón conoce la intención del Espíritu porque Éste intercede por 105 consagrados como Dios quiere” (Rom.. 8,26-27).

INTERCESIÓN, porque hay momentos en que no podemos hacer otra cosa:

“Al instante Moisés cayo de rodillas y se postró ante Él diciendo: Si de veras gozo de tu favor, te suplico Señor, que vengas con nosotros, aunque seamos un pueblo de cabeza dura. Perdona nuestras maldades y pecados y recíbenos como herencia tuya” (Ex. 34.8-9).

“Cuando tropiecen con dificultades en el gobierno de sus discípulos… acudan a Dios sin vacilaciones, pidan con mucha insistencia a Jesucristo como el Buen Pastor… Y, puesto que hacen sus veces, impetren de Él las gracias requeridas pura conseguir la conversión de sus corazones. Si queréis salir airosos en vuestro ministerio, debéis, pues, aplicaros mucho a la oración presentando de continuo en ella a Jesucristo las necesidades de los discípulos; y exponiéndole las dificultades que os salgan al paso… ” (Md. 196,1).

ACCIÓN DE GRACIAS, porque descubrimos la acción de Dios en nuestros Hermanos:

“Doy gracias a mi Dios por todo lo que recuerdo de vosotros: cada vez que pido por todos vosotros siempre lo hago con alegría por la parte que han tomado en anunciar la buena noticia desde el primer día hasta hoy; seguro además de una cosa: de que aquél que dio principio a su buena empresa le irá dando remate hasta el día del Mesías, Jesús”(Fil, 1,3-6).

PERDÓN, porque nos sentimos responsables y solidarios de nuestros Hermanos:

“Cuando me descubran sus faltas, me consideraré culpable de ellas ante Dios por mi pobre conducta y por no haberlas prevenido, bien sea con los consejos que hubiera debido darles, bien sea vigilando sobre ellos; y si les impongo alguna penitencia me impondré yo otra mayor; y si la falta es considerable, además de la penitencia tomaré un tiempo particular como media hora, y hasta una hora, varios días seguidos sobre todo por la noche, para pedir perdón a Dios por ella. Si me considero como haciendo las veces de Dios para con ellos, será en la inteligencia de que tengo obligación de cargar con su pecados así como nuestro Señor cargó con los nuestros y que es una carga que Dios me impone respecto a ellos” (Reglas que me he impuesto, n0 7).

DISCERNIMIENTO, porque somos conscientes que se trata de la obra de Dios y no de nuestro proyecto personal, ni de una simple empresa humana.

“Cada día los Hermanos, “suben hasta Dios por la oración” como apóstoles responsables de la salvación de aquellos que les están confiados. Esperan alcanzar así del Señor la libertad de corazón y el discernimiento de espíritu que requiere su ministerio, y las gracias que necesitan para trabajar útilmente en favor del Reino” (R. 69).

ABANDONO, ESPERANZA porque nos ponemos en sus manos en nuestras oscuridades e impotencias.

“Me han arrancado la paz y ni me acuerdo de la dicha; me digo: Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor. Recuerda mi aflicción y mi amargura, la hiel que me envenena; yo no hago más que recordarlo y me siento abatido.

Pero hay algo que traigo a mi memoria y me da esperanzas: que la lealtad del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien se renuevan cada mañana: ¡Qué grande es tu fidelidad!

El Señor es mi lote, me digo y espero en Él. El Señor es bueno para los que en Él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación de Dios” (Lam.3. 17-26).

4. – CONCLUSIÓN

Nos preocupa el futuro de nuestro Distrito: envejecimiento de los Hermanos, fragilidad. sentido de la vida religiosa, signo de los tiempos, Misión Compartida, Asociación… Muchas veces los problemas nos abruman y no vemos salida…

La solución no está en mirar con nostalgia el pasado o con pesimismo el futuro, sino en vivir el presente poniéndonos con confianza en manos de Dios. El Fundador nos da una pista:

‘Esta comunidad puede ser de mucho provecho a la Iglesia; persuadios con todo, de que no lo conseguirá sino en cuanto se fundamenten sobre esos dos pilares, a saber: la piedad y la humildad, que lo harán inconmovible” (Md. 161,3).

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

1 ¿Se nota en mi vida que soy “hombre, mujer, de Dios”, consagrado a Dios?

2 ¿Cuál es la principal característica de mi oración, por qué y para qué hago oración’?

3 ¿Qué tipo de oración me llena más, la forma de orar más corriente? ¿He descubierto en mi propia vida la oración de “abandono y esperanza”?

4 ¿Cuál es mí actitud ante el pasado, el presente, el futuro? ¿Oro a partir de la realidad, de la vida?

Fraternidad Signum Fidei